Brasil: ¿Por dónde caminará Jair Bolsonaro?

El terremoto que provocó la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil no es solo interno porque Brasil es una potencia mundial y su política exterior tiene repercusiones globales.

El terremoto que provocó la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil no es solo interno porque Brasil es una potencia mundial y su política exterior tiene repercusiones globales.

Al no tener el nuevo presidente experiencia de gestión es casi imposible saber cómo manejará la política interna y mucho menos las delicadas relaciones internacionales. Por este motivo, sus palabras, dichas en diferentes momentos, sirven para aproximarse al pensamiento de Bolsonaro, aunque no es lo mismo expresarse como candidato o diputado de un pequeño partido, que asumir la presidencia y tomar decisiones que pueden alterar el mapa geopolítico mundial.

Si se toman sus declaraciones a lo largo de los años se puede concluir que -en numerosos aspectos- su discurso parece extraído de la llamada “guerra fría” de hace 40 años, por su insistencia en querer combatir el comunismo aún hoy. Por eso no extrañó que en plena campaña electoral dijera que “esos rojos marginales serán prohibidos”, en clara alusión a los seguidores del Partido de los Trabajadores, o que uno de sus hijos -también diputado- presentara en 2016 un proyecto para criminalizar la propaganda política que utilice los símbolos de la hoz y el martillo.

Lo que sí aparece a todas luces como un gran cambio para la política exterior es el realineamiento explícito con Estados Unidos. Aunque los gobiernos del Partido de los Trabajadores nunca tuvieron un sesgo antiestadounidense y Barack Obama no ahorraba elogios a la figura de Lula, sí es cierto que Lula apostó a un mundo multipolar estrechando los vínculos con los países de América Latina y el Caribe, el mundo árabe, Africa y la República Popular China.

En apariencia, y siempre según su dichos, Bolsonaro quiere privilegiar los vínculos con Estados Unidos y el Estado de Israel. Por eso, no extrañó que planteara el traslado de su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén -en sintonía con Washington- aunque esto afecte la relación con los países árabes, que representan una cuota importante del comercio brasileño.

Pero la política exterior de un país no es solo ideología, sino que suele ser una combinación de ideología y negocios. Hoy, la República Popular de China es el principal socio comercial de Brasil y desde Beijing manifestaron su disgusto con el viaje que Bolsonaro realizara como candidato presidencial a principio de año a Taiwán. Y a nadie se le escapa que Estados Unidos es muy crítico de la importante presencia de China en América Latina.

La elección de Bolsonaro le puede dar a la derecha latinoamericana la posibilidad de encontrar el liderazgo fuerte que le faltaba para hacerle frente a la corriente progresista que se consolidó en los primeros años de este nuevo siglo. Varios países condenaron al gobierno de Nicolás Maduro con la intención de aislarlo regionalmente, pero quien trata de liderar su aislamiento es Luis Almagro, el secretario general de la OEA, que no tiene el peso específico de un presidente.

¿Querrá Bolsonaro ejercer un lugar de liderazgo en la región? Seguramente tendremos la respuesta cuando asuma la presidencia.


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