Escándalo en la Casa de la Costa: El precandidato Paz lo corrió a las trompadas al diputado Kneeteman

Lo corrió por toda la costa y logró huir en el auto de Acevedo, acompañado por Varisco, mientras Solari y Rivero sostenían como podían a Paz
Este martes, pleno feriado en la capital provincial, los turistas y vecinos que paseaban por el puerto de Paraná fueron testigos de una trifulca que no terminó en desgracia por muy poco.

Los protagonistas fueron dos integrantes de Cambiemos, ambos de nombre Sergio: uno de apellido Kneeteman, diputado provincial, y el otro Paz, precandidato a senador por el departamento Paraná. 

La bronca de este último venía de mucho antes, más precisamente desde que, como él mismo dijo en una entrevista con este Portal, “el diputado Kneeteman fue con matones a apretar a la hija de Varisco diciéndole que si no me bajaba le iban a sacar los dos diputados”.

Fue por ese mismo motivo que Paz se acercó este martes, mientras los paranaenses paseaban mate en mano, hasta la Casa de la Costa, en el puerto de la capital provincial, donde funcionan oficinas municipales y se encontraba el intendente Sergio Varisco. 

La intención de Paz, comentan los allegados, era dialogar con el mandatario sobre las presiones que había recibido para bajar su candidatura a la senaduría pero cuando llegó lo recibió la pareja del intendente, la concejal Claudia Acevedo, y le comentó que Varisco estaba con gente. 

Pero, según cuentan los testigos, cuando el dirigente se estaba por subir a su auto para retirarse del lugar, vio ingresar nada más ni nada menos que al diputado Kneeteman, por lo que decidió quedarse a esperarlo. 

Minutos más tarde, salió de la repartición municipal el abogado y funcionario Walter Rolandelli, quien al ver a Paz le preguntó el motivo por el cual se encontraba allí. 

Para esa altura, Paz ya había olvidado que el objetivo de su visita al puerto era charlar con el intendente y le respondió que estaba esperándolo a Kneeteman porque “lo voy a cagar a trompadas”, según le dijo, sin mucho preámbulo. 

Al oír esas palabras y viendo la bronca que tenía su interlocutor, Rolandelli intentó apaciguarlo y calmarlo, diciéndole que se encontraban en un lugar público, donde había mucha gente. “No hagás quilombo” repetía el abogado. 

Lejos de hacer cualquier mínimo honor a su apellido, Paz estaba cada vez más sacado y el momento cumbre llegó unos 15 minutos después cuando, según comentan, Kneeteman salió del edificio. 

No se sabe si estaba prevenido de la situación que lo esperaba, pero lo concreto es que estaba flanqueado por el intendente Varisco y por Claudia Acevedo, agazapado entre ambos. 

Sostienen los testigos que apenas el diputado puso un pie en la calle, Paz comenzó a gritar y a correrlo, cargando como podía con su imponente porte, hacia la humanidad del legislador, varias talles más pequeño que el precandidato. 

“Vení para acá”, “te voy a cagar a trompadas”, “delincuente”, “te voy a matar”, “la apretaste a la hija de Varisco para que me baje”, “incendiaste la imprenta de San Salvador para cobrar el seguro”, “delincuente”, eran las frases que gritaba el poco pacífico Paz mientras corría al diputado y sudaba con la cara colorada. 

De más está decir que, según los testigos, Kneeteman corrió como nunca apuntando a la Renault Duster de Acevedo como la única vía de escape posible ante la tremenda bronca que soltaba Paz por todos los poros, mientras que Eduardo Solari y Rivero, de Ceremonial, intentaban agarrarlo a Paz. 

Al llegar al auto, Kneeteman, dicen quienes lo vieron, prácticamente se tiró en palomita al asiento trasero, mientras que Acevedo tomó el lugar del conductor y encendió raudamente el vehículo. 

Algunos dicen que el vehículo ya se había puesto en veloz movimiento cuando Varisco todavía tenía un pie afuera y no había cerrado la puerta, algo que finalmente hizo cuando el escape se había concretado. 

Otros comentan que Paz llegó a darle dos manotazos a la ventanilla desde la cual Kneeteman miraba aterrado para cerciorarse de que había logrado librarse de su atacante. 

Los testigos afirman que cuando la Renault finalmente estuvo a una distancia prudencial y se alejaba cada vez más, en el puerto solo quedó Paz, jadeando y transpirando mientras seguía con las puteadas e improperios dirigidos a Kneeteman. 

Pocos son los que se animan a arriesgar qué era lo que podría haber pasado si el precandidato alcanzaba en su furiosa carrera al diputado.

Afortunadamente para Kneeteman, el lamentable espectáculo que presenciaron los transeúntes que pasaban por el puerto quedó simplemente en unas corridas y algunos gritos. 

De todos modos, los allegados a Paz afirman que se la tiene jurada al diputado y que, tarde o temprano, se van a volver a cruzar.

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